Dr. Mauritios (Cuento)


Dr. Mauritios. 
por: Santiago Barbosa Cañón

El Dr. Mauritios B.C es profesor de matemáticas en la universidad de Bonn. Uno de sus pasatiempos más recurrentes además de la lectura, es el teorizar sobre cuestiones existenciales del ser humano y su realidad.  Una especie de adivinación de la verdad basada en un instinto particular que siempre lo ha acompañado y que pudiéramos resumir en la frase de “no estamos solos”. Siempre consideró la existencia de seres superiores. Si bien no decidían sobre nosotros, al menos observaban constantemente a manera de experimento el comportamiento de nuestra evolución social y natural. Los increíbles diseños de Mauritios sobre las relaciones de tiempo y espacio que se generaban entre este paralelismo de dos realidades incluían aspectos de la cuántica, nanotecnología, modos biológicos de observación, bloqueo de señales y todo lo que una sociedad súper-desarrollada tendría que hacer y tener en cuenta para estudiar a otra más pequeña.  Su teoría concretamente y en pocas palabras habla de nuestro cosmos como un experimento microscópico, que se desenvuelve a velocidades muy grandes dentro de un espacio artificial. Según Mauritios, todo lo que consideramos como la realidad tiene la categoría  de  “segunda realidad” o quizá un tipo de realidad virtual, que ocurre y ha ocurrido a lo largo de la historia, bajo una cruda vigilancia de sociedades o fuerzas súper-avanzadas.
Esta interesante teoría de Mauritios que es tan descabellada como coherente tuvo un gran punto de giro a finales de su curso escolar en un  café de la ciudad de  Köniswinter. En una especial noche  de copas  con su gran amigo y músico Gates este le explicaba las grandes verdades y profundos misterios que se encontraban escondido(a)s en algunas obras musicales de corte erudito y de basta complejidad estructural, que solo podían descubrirse a través del análisis de patrones musicales. Aunque Mauritios entre las copas que bajaban y su condición no musical quedó bastante confundido, despertó un interés especial por los “patrones”, una pequeña palabra que tal vez pudiera ser la clave para algo que consideraba imposible. Según Mauritios la súper-sociedad es imperceptible para nosotros. Las comunicaciones, los largos viajes, las ultra-sondas espaciales y todo intento de exploración, no deja más que los datos de nuestro propio universo. El diseño espacial primigenio está curvado intencionalmente de tal manera que sería imposible llegar o acceder a esta otra realidad, seria algo así como buscarle las esquinas a una circunferencia, una serpiente sin principio ni fin. Llamaba mucho la atención de Mauritios el hecho de que la  curvatura del espacio es algo que apenas se ha venido descubriendo, lo que le daba la noción del nivel de desarrollo que pudieran tener estos “otros” ante la capacidad no solo de interpretar dichas curvas sino de crear y diseñar espacios curvos para sembrar sociedades. Ante su fino instinto y poca creencia en las coincidencias, concluyó que tal vez la clave estaba ahí, en los patrones.
Esto lo llevó a hacer un estudio minucioso de patrones de todo tipo. Patrones de color, de objetos, de insectos, de personas y cualquier cosa que se le pasara por frente. Empezó a tener después de algunas semanas resultados espeluznantes, patrones que se repetían, series decimales traducidas a cosas de un mismo tipo, cosas que nunca se repetían, y patrones que se limitaban reciprocamente. Cabe decir que su vida escolar por estos días mermaba por la llegada del invierno lo que le posibilitó dedicarse con más gusto a su pasatiempo. Sus días se hacían cada vez más largos y su atención más enfocada. Estos primeros patrones significaban para Mauritios  lo que él llamaba una coincidencia repetida, una forma natural en la que las estructuras o mejor, las cosas en general, muestran un comportamiento específico, no previsible, que delata o revela un no-libre albedrío sino un comportamiento predeterminado. Pensaba que el hecho de que las cosas se comporten de ese modo deja ver que no existe solo una realidad sino que su comportamiento a manera de patrones o serializado evidencia lo artificial que tiene de base nuestra realidad y por ende la existencia de un campo no natural creado por una inteligencia superior.
Gracias a estos  resultados tan maravillosos decidió Mauritios redistribuir sus horarios y hacer un tiempo sabático en lo que sería su próximo curso escolar. Para llevar a cabo esta investigación de manera más seria, los días en la universidad parecían ser un obstáculo. Su atención estaba cada vez más dirigida al análisis de patrones. Pasaba tardes enteras anotando los colores de los autos sobre la avenida Duchenstrassen o buscando un patrón de personas en la estación de tren en Köln. Para Mauritios los resultados eran cada vez más sorprendentes y entendió que cada patrón perdido era un eslabón ausente en su nuevo diseño de coincidencias repetidas, Mapas que el presente autor se encuentra incapaz de explicar pero que parecían conformar alguna prueba contundente de la existencia de aquella otra sociedad. Su tiempo se hacía cada vez más largo y su atención cada vez más enfocada. Ya no eran solo tardes sino días en que como todo científico obsesionado olvidaba incluso hasta sus horas de comida. Con mucho orgullo abandonó su rutinaria vida para dedicarse enteramente a su investigación. Hoy en día Mauritios sigue devotamente sus diseños de patrones y Parece haber escapado de nuestra comprensión por la complejidad de sus escritos. Su vida se a convertido una especie de clandestinidad científica. Hay quienes en altas horas de la madrugada con su cuaderno de notas y  equipaje ligero lo ven .
 S.B.C